Hay momentos en la vida en los que una se pregunta: ¿Se puede llorar de felicidad? ¿Se puede sentir tanta alegría en el pecho que el corazón parece desbordar? Hoy sé que sí, y no solo se puede… es una bendición.
En este camino de transformación, la sanación espiritual fue el puente que me permitió recuperar mi paz interior y sanar el alma. Comprendí que el autoconocimiento y el autocuidado emocional no son lujo, sino herramientas esenciales para vivir con bienestar integral. Y aunque el proceso haya sido profundo, me di cuenta de que la transformación personal es posible en cualquier etapa de la vida, incluso para mujeres mayores de 50, cuando se abre el corazón y se permite recordar quiénes somos realmente.
Un año que transformo mi vida
Este año que ya se va, hoy 26 de diciembre de 2025, fue profundamente transformador para mí. Fue un año en el que volví a encontrarme con Él, con mi Dios, con ese amor inmenso que nunca se fue, aunque yo, por momentos, lo haya olvidado.
Cuando el dolor me alejo de Dios
En esos momentos, entendí que la sanación espiritual no es solo una frase bonita, sino una experiencia real que transforma la vida. El dolor me hizo mirar hacia adentro y comenzar un proceso de autoconocimiento profundo. Poco a poco, con amor y paciencia, empecé a practicar el autocuidado emocional, y con ello, mi alma empezó a sanar.
En marzo de 2025 viví uno de los momentos más intensos de mi vida. Estaba triste, perdida, herida por dentro, enojada… incluso con Dios. Dudaba de su existencia, de su amor, de su presencia. Me sentía sin rumbo, desconectada de mí misma.
El día en que mi alma recordo quién es
Había escuchado decir que nuestras células hablan con Dios, que Él nos escucha incluso cuando no sabemos cómo hablarle. Y una noche, no recuerdo si fue el 15 o 17 de marzo, cansada de tanto dolor, empecé a hablar con mis células. Les hablé con honestidad, con cansancio, con lágrimas… con el alma desnuda.
Y entonces ocurrió algo maravilloso. A la tercera noche, sentí que todas ellas, juntas, me llevaban hacia Él. Mi corazón se expandió, algo se abrió dentro de mí y el amor que creía perdido… renació.
Caminar acompañada, en paz
Hoy sé que esta experiencia fue una transformación personal total. Ya no tengo miedo del pasado ni del futuro, porque encontré mi paz interior. Mi bienestar integral se sostiene en la fe, en el amor propio y en la certeza de que siempre es posible volver a la luz, incluso después de una oscuridad profunda. Y si estás leyendo esto, especialmente si eres una mujer mayor de 50, quiero que sepas que la vida siempre puede renovarse y la autoestima después de los 50 puede florecer con la ayuda de Dios y la propia voluntad.
Desde entonces, hay una imagen que me acompaña siempre. Me veo caminando por una escalera blanca. A veces es ancha, otras un poco más angosta, pero siempre cómoda y segura. Voy vestida con ropa suelta, liviana, caminando con serenidad, mirando hacia adelante. Arriba está Él. No lo veo con forma, pero veo su luz, intensa como un sol radiante y siento —sí, siento— su sonrisa mirándome.
A mis costados hay seres de luz, con la misma esencia de mi alma, alegres, juguetones y amorosos, como si me dijeran: "Tu puedes, Karina… sigue subiendo". Y yo avanzo feliz, con dicha en el rostro, mirándolo y sintiendo que Él también me mira. Desde ese momento algo cambió para siempre.
Hoy ya no me pesa el pasado. Lo abrazo con ternura, lo honro como parte de mi historia y como una gran lección de vida. No me abruma lo que fue, no me asusta lo que vendrá. El futuro ya no me preocupa, porque decidí caminar confiada, acompañada, en paz.
Tengo este cuerpo maravilloso que me sostiene, esta mente capaz de crear, de comprender y de sanar, y esta alma juguetona que volvió a sonreír. Ahora, cuando debo tomar una decisión, primero se la cuento a Él. Sé que ya lo sabe, pero decirlo me calma, me ordena y me abraza por dentro.
Siento que hay un pequeño espacio sagrado dentro de mí, donde Él habita, y desde allí todas mis células, mis órganos y todo mi ser hacen lo que tienen que hacer mirándolo. Voy y vengo confiada, con cuidado, sí… pero en paz. Porque ya no estoy sola. Somos Él y yo.
Si, se puede volver a la luz
Y si estás leyendo esto, quiero decirte algo desde lo más profundo de mi corazón: Sí, se puede salir de la tristeza. Sí, se puede sanar. Sí, se puede volver a sentir luz después de tanta oscuridad. Yo soy una prueba viva de eso.
>Con cariño y respeto,
Karina de:
Hagamos la Vida Mejor
Es simplemente genuino y hermoso.
ResponderEliminarSi, verdaderamente fue hermoso volver a sertirlo a El. Sentirme en paz conmigo. Sentirme feliz y confiada. Sabes que es lo lindo?, que ahora rio y me sonrio. A veces lloro pero de alegría. Dime tu si eso no es hermoso.
ResponderEliminar